‘El desarrollo’: un recorrido por el arte de desafiar al poder

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Desafiar al poder fundamentalmente implica cambiar nuestra mirada. La manera en que actuamos en nuestros mundos depende de cómo los vemos, por lo tanto cambiar nuestra forma de ver se convierte en un paso esencial para transformar nuestro actuar. Si no exploramos diversas formas de expresar(nos), de ver(nos) y de (re)crear(nos), limitamos nuestras posibilidades colectivas.

Los sectores de cooperación internacional y ayuda humanitaria están atrapados en una obsesión con la palabra escrita. Nos vemos inundadas por un flujo constante de informes, trabajos de investigación, cifras y marcos estratégicos que componen “la literatura” sobre los problemas globales. Detrás de cada nueva palabra de moda y jerga técnica vive la gran ilusión de que reformar nuestro vocabulario es, básicamente, cambiar el mundo.

Sin embargo, la realidad nos empuja a la misma conclusión incómoda: los conceptos son insuficientes. Sí pienso que es absolutamente necesario retirar palabras y conceptos caducados, cuestionar nuestro vocabulario como práctica constante e impulsar caminos hacia la representación propia. Pero el enorme desafío de cambiar las dinámicas de poder y las narrativas que sofocan la justicia social nos pide ir más allá de reformas a la forma en que hablamos – nos pide re-arraigar nuestra mirada y cambiar nuestras prácticas.

“Entre tantas incertidumbres y crisis acumuladas, necesitamos artistas como nunca antes para ayudarnos a reflexionar, reimaginar y dar vida a visiones de futuros radicalmente mejores.”

Durante estos dos años del proyecto Power Shifts, se ha presentado la urgencia de repensar cómo nos comunicamos en múltiples ocasiones. Me he frustrado enormemente con las prácticas de comunicación que solo hablan de una manera, para una audiencia limitada y en solo un idioma (podrán adivinar cuál). He observado rupturas con este linaje restrictivo desde organizaciones juveniles y movimientos sociales, pero a las organizaciones de la vieja escuela les está costando mantenerse al día. El compromiso de “descolonizar” nuestras ideas empieza por permitir que varios tipos de conocimiento sean accesibles, plurales y colaborativos. Significa abrirse constantemente a diversos medios y a la abundancia de saberes.

Entonces, me sigo preguntando lo siguiente: ¿cómo podemos descentralizar la palabra escrita para ayudarnos a escuchar, mirar y expresar las historias de cambio, la injusticia estructural y las prácticas transformadoras?

La verdad es que yo misma no tengo respuestas precisas, y de hecho creo que por ahí no va la cosa. Por eso quise abordar este desafío desde el juego y la colaboración creativa. Quise buscar aliadas entre artistas y personas que trabajan con narrativas visuales para explorar nuevas formas de tender puentes entre medios y formatos. Entre tantas incertidumbres y crisis acumuladas, necesitamos artistas como nunca antes para ayudarnos a reflexionar, reimaginar y dar vida a visiones de futuros radicalmente mejores.

El fruto de esta colaboración es una Galería virtual para desafiar al poder, una iniciativa con dos artistas que tiene como objetivo reflejar los aprendizajes y reflexiones cultivados durante los dos años del proyecto Power Shifts.

Para esta primera exposición, llamada ‘El desarrollo’: un recorrido por el arte de desafiar al poder, colaboré con Hansel Obando, un artista de collage colombiano. Juntas, emprendimos contar la historia del “desarrollo” de forma visual desde su origen hasta su desafío actual, desde sus contradicciones hasta sus posibles horizontes. Nuestros puntos de partida fueron las nociones gemelas de la descolonización y la interseccionalidad, en un intento de alejarnos de las jerarquías de poder que refuerzan los legados del colonialismo y de promover un anclaje explícitamente antirracista y feminista.

A partir de estos ejes, nos desafiamos mutuamente para dejar atrás vocabularios e imágenes ya desgastadas. El collage, el medio con el que trabaja Hansel, puede verse como una metáfora de la práctica de rearmar nuestros mundos. Nos permite ver con más claridad que las historias son conjuntos de fragmentos y la narración, un trabajo de ensamblaje cuidadoso.

Les invitamos a echar un vistazo a la historia visual a continuación. Ésta es una pequeña ventana para seguir abriendo nuestros horizontes expresivos, y que esperamos también inspire más colaboraciones y sentipensares críticos. Todas las imágenes están publicadas con una licencia de Creative Commons-Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International. ¡Así que, por favor, descárguenlas, imprímanlas y compártanlas! Repásenlas junto a sus colegas, utilícenlas para estructurar conversaciones en torno a dinámicas de poder en sus espacios, o repasen una selección de imágenes para profundizar ciertas temáticas. (Recuerden atribuir créditos a Hansel Obando y María Faciolince cuando las usen).

Ilustraciones de collage: Hansel Obando
Redacción y curaduría de imágenes: María Faciolince



“Desarrollo”: un sueño de un solo objetivo que exige el progreso universal. Una mirada unidireccional que mira hacia adelante, pero limita nuestras visiones. Una industria erigida sobre la audaz promesa de ‘hacer el bien’, que arroja una sombra incierta.
Una noción de prosperidad única basada en la modernidad y el crecimiento económico. Un sistema construido sobre cimientos coloniales que recrean el poder y la pobreza.
Los horizontes del desarrollo son los indicadores del progreso: índices, clasificaciones, tasas de crecimiento. Lo que distingue a los "desarrollados" de los "subdesarrollados", al Norte del Sur.
Pero los rankings no son realidades, y el desarrollo no equivale a la justicia. Por estos motivos, y agravado por crisis simultáneas, este modelo ha sido cuestionado durante mucho tiempo por una multitud de grupos y comunidades.
La fuerza de los reclamos desde abajo y la disminución de las dependencias de ayuda nos han empujado a un punto de inflexión. Hoy, el sector está llamado a cortar lazos con legados coloniales, abordar los problemas de raíz y abrir los horizontes de la prosperidad.
Este cambio pide subvertir los cimientos para que lo universal ceda el paso a lo plural, para que el poder se nombre en vez de silenciarse, y que los cuidados recuperen el lugar prioritario que se le ha dado a valores abstractos económicos.
No es empezar desde cero - es construir sobre las prácticas y las ideas que han florecido en las grietas de tantas crisis. Redefinir el desarrollo requiere desafiar nuestros saberes y prácticas, cómo nos relacionamos, cómo dividimos los recursos y cómo pensamos.
Este proceso comienza cuestionando la autoridad del conocimiento. Requiere descentralizar la autoridad de ciertas voces y formatos, y abrir las puertas hacia diversos saberes. ¿Quién define lo que es el progreso?
Redefinir el ‘desarrollo’ implica revolucionar nuestras culturas de trabajo para construir nuestro poder colectivo en lugar de estructuras jerárquicas, comprometerse con el liderazgo feminista y antirracista, y centrar el cuidado en nuestras organizaciones.
Cambiar las relaciones de poder requiere valorar los cuidados y la construcción de relaciones. Una visión más relacional del desarrollo teje alianzas equitativas entre cómplices, en vez de verlas como simples transacciones entre "beneficiarios" y "donantes", y crea espacios seguros para colaborar con confianza.
Cambios radicales son inconcebibles sin una redistribución de recursos. Para permitir que los fondos fluyan de manera más flexible en las comunidades, con transparencia y responsabilidad, hay que abandonar las restricciones impuestas por agendas verticales y burocracias desvinculadas.
En general, abrir los horizontes del desarrollo exige un pensamiento sistémico que acepta la complejidad no lineal del cambio social, rompe categorías aisladas para trabajar desde las intersecciones y confía en la emergencia.
¿Qué surge cuando caen paradigmas caducados? ¿Qué se abre cuando el cuidado colectivo, la justicia y el liderazgo interseccional trazan nuevos horizontes? El camino hacia el desarrollo puede dar paso a un pluriverso donde prosperen futuros diversos.
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